El 8 de marzo es el día en el que las mujeres se ausentan, salen a la calle para hacer visible el trabajo que hacen cada jornada laboral y doméstica. Salen para protestar porque en 2019 todavía existen diferencias entre una mujer y un hombre.

Caminamos lento y seguro hacia un mundo en el que no existan brechas salariales del 14,2% en discriminación a las mujeres, donde no haya 3.500 casos de abuso sexual en un año, y una mujer pueda decidir por sí misma si quiere o no ser madre. Un mundo donde el machismo sea ya un mal sueño.

Para esta ocasión nos hemos sentado a hablar con Paula Ríos, activista en la Plataforma Galega Feminista. Y nos ofreció una perspectiva interesante y llena de positivismo de los logros y retos de la lucha feminista en Galicia.

- ¿Cuál es la actividad principal de la asociación?

- La Plataforma Feminista Galega nace para crear una red de trabajo en común de mujeres activistas feministas que vienen de diferentes trayectorias.

Somos activistas, esto quiere decir que lo que hacemos es cuestionar públicamente todas aquellas políticas que perjudican la igualdad real entre mujeres y hombres.

Denunciar sobre todo las diferentes violencias machistas, y salir a la calle en fechas señaladas para denunciar una situación de desigualdad. Hacemos también jornadas de reflexión y formación para hacer llegar nuestro discurso a la sociedad.

"Ahora la sociedad ya asume que el feminismo lo que busca es la igualdad entre las personas"

- ¿Cuántos años lleváis trabajando por la igualdad?

- La plataforma hace cinco años que existe formalmente. En ella hay gente que lleva 20 años trabajando, y otras que se han ido incorporando en los últimos años.

Yo soy de las de 20 años. Con 19 o 20 años me he puesto las gafas, ¡y hasta hoy!

- ¿Ha habido avances en estos 20 años?

- Sí, ha habido avances en igualdad, pero no los avances que serían necesarios. Como activista, veo un cambio notable en la aceptación: ahora socialmente ya se asume que el feminismo lo que busca es la igualdad entre las personas.

Uno de los mayores cambios fue la consideración de los asesinatos machistas. Antes eran crímenes pasionales, ahora ya se asume que es intolerable que una mujer sea agredida por el hecho de serlo.

Pero nos queda mucho. Si no creyésemos que nos queda mucho, no saldríamos masivamente a la calle, como salimos el año pasado, y como tenemos previsto salir hoy.

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- ¿Había muchas trabas al inicio?

- Sí, las feministas siempre nos organizamos, y siempre hemos tenido la capacidad de tejer redes entre nosotras. Pero sí que es cierto que en los últimos años esas gotas que fuimos dejando fueron calando en la sociedad. Siempre hay una reacción en contra, de hecho, estamos viendo en los últimos tiempos, cómo después de las movilizaciones del año pasado vuelve a resurgir una oposición desde aquellos varones que sienten que pierden sus privilegios.

- ¿Consideras que cambió algo desde entonces?

- Hay un cambio en la consideración de lo que es ser feminista: hace 20 años éramos feas, amargadas, lesbianas y mafolladas. Ahora se escucha, pero son grupos muy concretos, ha ido calando el discurso.

Se ha visto también en el éxito de la huelga del año pasado. Creo recordar una encuesta en la que el 90 y pico por ciento de la población consideraba que era legítima, y necesaria, la convocatoria de una huelga feminista. Eso quiere decir que el discurso llegó a la sociedad.

"Ha sido un punto de inflexión que se pusiera en cuestión nuestro derecho a elegir si ser madres o no"

- ¿Crees que la sociedad es consciente de la brecha que todavía existe entre hombres y mujeres en cosas tan básicas como los derechos laborales?

- Buena parte de la población, a día de hoy, sí que ya es consciente. En materia laboral es quizás donde más se percibe esa brecha, sobre todo a raíz de la crisis económica. Ahí, fue cuando las mujeres fuimos conscientes de como cualquiera de los derechos que hemos ido consiguiendo los podíamos perder en cualquier momento.

Pongo por ejemplo el derecho al aborto. Ha sido un punto de inflexión que se pusiera en cuestión nuestro derecho a elegir si ser madres o no. Hizo que muchas mujeres jóvenes fuesen conscientes de que efectivamente, como decía Simone de Beauvoir, “hay que estar vigilantes”, y de que tenemos que estar dispuestas a luchar.

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- ¿La situación en Galicia es peor, igual o mejor que en otras comunidades?

- Cada territorio tenemos nuestras características. Las mujeres gallegas estamos más empobrecidas y las pensiones son más bajas, porque los salarios de las mujeres gallegas son más bajos en relación al propio estado español.

Existe una realidad en nuestro país, que son aquellos sectores que están fuertemente feminizados –como son las conserveras, el sector textil y las mujeres del mar- que tienen también en sus condiciones laborales situaciones de desigualdad. Hablamos de precariedad laboral, jornadas prácticamente de esclavitud, salarios más bajos, o enfermedades profesionales que no son consideradas como tal.

También, la población gallega es mayoritariamente rural, es mucho más fácil que los casos de violencia machista queden ocultos por el propio aislamiento. Sabemos que hay muchos casos, pero no se denuncian, porque las mujeres nos seguimos considerando culpable, aún por encima, de que se nos agreda. La vergüenza, el miedo a que las señalen. Es difícil que las mujeres del rural denuncien porque están mucho más aisladas, y no se encuentren arropadas.

- ¿Las generaciones que vienen detrás están más o menos concienciadas?

- Creo que la concienciación es diferente. Ahora hay más mujeres jóvenes feministas que en los últimos 5 años. Con casos como la ley Gallardón, fueron conscientes de que tenían que entrar al feminismo porque la igualdad no estaba conseguida.

Traen fuerzas renovadas e ideas nuevas. Eso es muy positivo, somos más y es diferente.

"Que nos llamen feminazis quiere decir que les estamos metiendo el dedo en el ojo, que algo estamos haciendo bien"

- ¿Son necesarias las campañas de concienciación sobre los comportamientos machistas en las relaciones de pareja?

- Creo que son muy necesarias, algo que desde el feminismo llevamos años diciendo.

El amor romántico es la gran trampa en la que caemos las mujeres, por educación. Nos enseñan a ser sumisas, a cuidar y a poner a otros por delante de nosotras mismas, eso se construye en base al amor romántico. Tenemos que buscar a un príncipe azul, que no existe, y que nos va a salvar. Es la idea que nos transmite la música, “sin ti no soy nada”, pues sin la otra persona somos, y seguiremos siendo.

- ¿El feminismo es cosa de mujeres?

- El feminismo es cosa de toda la sociedad. Porque el feminismo, no lo decimos nosotros, lo dicen las academias de la lengua, que no son sospechosas de ser feministas precisamente, es aquella ideología que busca igualdad entre hombres y mujeres.

En el siglo XXI, en cualquier sociedad que se considere moderna, eso tiene que ser un básico. Requiere que las mujeres tomen protagonismo en esta lucha, y que los hombres desconstruyan su masculinidad, y asuman que hasta ahora vivieron en un sistema que para ellos era de privilegios a los que hay que renunciar.

Hay una frase que dice: “auténtica revolución es limpiar el cuarto de baño”. Esa es la revolución que queda por hacer. Que los varones asuman que ese trabajo es lo que garantiza la vida, los trabajos de cuidado. La humanidad no habría llegado a 2019 si un grupo de población no se hubiese ocupado de los cuidados, y de la reproducción de la vida.

El feminismo hizo que las mujeres repensemos todo eso que se espera de nosotras. Ahora le toca también a los varones repensar como se construye su masculinidad, porque no es ventajosa tampoco para ellos. Ser proveedor tampoco es positivo, produce frustraciones y malestar.

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- ¿Existen las feminazis?

- No. La propia definición de feminismo invalida la palabra. Las feministas somos sumamente respetuosas con la igualdad entre todas las personas, y queremos igualdad para todas las personas. Buscamos un modelo diferente de la sociedad, en el que las personas estemos en el centro.

De todas formas, las activistas feministas nos sentimos muy orgullosas de que haya un grupo de varones, que se niegan a perder sus privilegios, que nos definan como feminazis. Eso quiere decir que algo estamos haciendo bien, que les estamos metiendo el dedo en el ojo.

- ¿Qué le responderías a quien dice “pues no estáis tan mal, las cosas cambiaron mucho desde los 60 por ejemplo”?

- Yo le diría que tiene razón. Pero solo pedimos una cosa, la mitad de todo, porque somos la mitad de la población, y no la tenemos.